'El sentido de la vida' de Juan María de Comerón, pasaporte hacia la libertad - La Runa Arcana

LO ÚLTIMO

sábado, 18 de agosto de 2018

'El sentido de la vida' de Juan María de Comerón, pasaporte hacia la libertad


El verano es tiempo de cultura, en sus diferentes variantes. La vorágine del día a día se detiene y nos permite sumergirnos entre burbujas para tomar un poco de aire en la profundidad del tiempo libre. Por ese mismo motivo, el verano es asimismo, tiempo de lecturas. Y en muchas ocasiones, de riesgo. Sería algo así como los meses en los que el sector del libro se enfrenta a una suerte de teoría de la utilidad, como la económica, que lleva a la gente a tomar decisiones enfrentándose a la incertidumbre y al susodicho riesgo, eligiendo en base a unas preferencias personales. 

Vayamos a la praxis: imagínense ustedes que se encuentran ante un mostrador repleto de libros con portadas sugerentes, atractivas, misteriosas y coloridas. Si no tuvieran más datos que la información visual que está recibiendo en ese momento, ¿por cuál se decidirían? El riesgo de elegir, de seleccionar un libro en base a su portada, un título o una idea sugerente. Y hay obras que realmente cuentan con títulos muy ambiciosos, algo que puede revertir en positivo o negativo, según cómo se mire. Por ejemplo: un título muy elocuente puede dar lugar a expectativas muy altas que la novela o el documento en cuestión no llegue a cumplir, igualar o superar tras su lectura. Y les hay. Muchos. 

Pero también hay otros libros con los que uno no falla. Libros que se cuentan con los dedos de una mano y que se visten con nombres ambiciosos y prometen menos de lo que luego realmente dan, porque desarrollan la idea inicial como un fino ovillo hasta donde el lector esté dispuesto a llegar. Y ahí es cuando arriesgarse en la elección merece la pena. Hablando de nuevo en términos económicos, sería una especie de “economía de la felicidad”, tan de moda en el papel salmón de nuestra prensa escrita. Decía uno de los principales economistas e impulsores de esta teoría, John Stuart Mill, en el año 1861, que sin duda, un acto moral es aquel que maximiza la felicidad general. Por lo tanto, una buena elección literaria, que cumpla nuestras expectativas y nos haga felices, es un acto moral, fíjense qué importancia tiene.

Precisamente una sensación similar me ocurrió a mí este verano cuando me enfrasqué en la lectura de El Sentido de la Vida, del escritor salmantino y lumbralense Juan María de Comerón. Y antes de seguir contándoles nada, tengo que pedir disculpas, porque me voy a saltar varias reglas del periodismo: escribiré en primera persona, lo que siento y con honestidad. Estos son mis principios, si no les gustan no tengo otros. 

Pues bien, como les contaba, hace apenas dos meses comencé la lectura de una de esas novelas a las que nos hemos referido con anterioridad, de esas que cuentan con título ambicioso, con portada conocida –la calle Compañía de Salamanca- y con la apariencia de un caramelito de papel muy brillante e interior misterioso. Y qué terrible incertidumbre, créanme. Por poder, podría resultar que el caramelo estuviera relleno de menta, sabor que detesto por darme la sensación de que estoy tragando pasta de dientes. 

Así que de esta manera, con reticencia, me embarqué en la lectura de Juan María de Comerón. Y les confieso que tengo decenas de libros para leer, que me llegan por motivos laborales a la redacción y a los que nunca termino por hincar el diente. Pero según me regaló el señor de Comerón su novela y leí el título, resonó en mi cabeza una de las frases que me ha marcado siempre: “Uno se vuelve filósofo el día en el que descubre que ignora cuál es el sentido de su vida y se resuelve a buscarlo sistemáticamente por el sentido de la razón”. Esta sentencia es de Leonardo Rodríguez Duplá, uno de mis catedráticos de filosofía de la Universidad Pontificia de Salamanca. Así que me dispuse a leerla, poco a poco, con calma y en momentos de absoluta soledad.

Y qué quieren que les diga. Yo no voy a utilizar la lógica erística de Aristóteles y a convencerles del valor de algo que no lo tiene. Porque no tiene valor que yo les haga una reseña en este texto de la sinopsis de la novela, la pueden encontrar en la web del autor. O que les cuente que la protagonista es una joven vasca que llega a estudiar a Salamanca tras una experiencia traumática y que comienza a plantar semillas de lo que puede llegar a ser el árbol de su existencia, el árbol de su vida, cuajado de ramas entrelazadas, unas secas y otras, fértiles que dan fruto. No les voy a vender ninguna moto, ni siquiera quiero venderles ningún libro. 

Pero sí quiero contarles lo que ha supuesto esta novela para mí, una humilde aunque muy avezada lectora, que francamente, ha encontrado muchas respuestas a preguntas que ni siquiera en muchas ocasiones se había atrevido a hacerse. Porque El Sentido de la Vida es una novela escrita de manera muy sencilla, muy accesible, coloquial y cercana. Esa es una de sus grandes virtudes. Otra es la gran cantidad de detalles, datos e informaciones curiosas que proporciona sobre cualquier cosa, como si su autor tuviera cinco años y se preguntara los porqués de todo lo que le rodea, dando respuestas bien argumentadas. Pero sin duda, la mayor virtud de la novela escrita por Juan María de Comerón es que ha convertido a su propio libro en una auténtica saga que se completa con la vida de cada uno de los lectores que se embarcan en su historia y le añaden sus propios recuerdos, vivencias y emociones. Crea cercanía con el lector, acorta distancias.

La novela de por sí tiene mucho sentido, pero los lectores la construyen de tal manera, que la segunda, tercera, cuarta, quinta parte… Ya están escritas. En la mente de aquellos que la han recibido y han permitido que este libro toque un poco sus vidas y redondée las esquinas que aún estaban afiladas. 

Porque ¿saben? A veces quedan cuentas pendientes con el pasado. Y una buena voz en off, o un narrador que actúe como alter ego de nuestra conciencia nos ayuda a saber por dónde ir, cuál es el camino y cuáles las pautas a seguir. 

De esta manera, El Sentido de la vida, tras cinco ediciones en un año, se ha convertido en una saga más larga que los Episodios Nacionales. Algo a lo que sin duda, ha contribuido el señor de Comerón, porque no todos los escritores tienen la humildad de hacer partícipes a sus lectores de su obra. Lectores sin los que no serían nada, y sin embargo, las borracheras de ego hacen que muchos de ellos se olviden. Pero Juan María de Comerón continúa siempre muy pendiente de cada uno de ellos, y son cientos y cientos. De saber, de conocer qué les ha parecido la novela, cómo la han conocido y qué les ha aportado. 

Escribir por necesidad, necesidad de aportar. Eso es lo que hace Juan María, aportar a los desconocidos la pieza de su puzzle que les falta, o ayudarles a encontrarla sin pedir nada a cambio. Eso es algo que no tiene precio, queridos amigos. Ese mismo hecho de por sí solo, ya da sentido a la vida. Y amplía la frase que resonaba en mi cabeza cuando comencé a leer la novela: el camino ya no es solo de la razón, sino también del corazón. Porque si algo hay en la novela de Juan María de Comerón es coraje y corazón. Y que me perdone, que sé que es del Real Madrid, pero una que es muy atlética no puede evitarlo. Coraje por vivir, por disfrutar de la vida; y corazón, por ser un contador de historias, como se define el propio autor. 

Y al final, cuando finaliza la lectura de El Sentido de la vida, el lector se siente como el abogado Patrick Henry cuando el 2 de marzo de 1775 se alzó en Richmond, Virginia, clamando contra el rey de Inglaterra por unos impuestos abusivos: “Ya es demasiado tarde para retirarse […] ignoro cuál es la decisión que otros vayan a tomar, pero, en lo que a mí respecta, ¡dadme la libertad o dadme la muerte”. 

Porque la novela escrita por Juan María de Comerón cuenta muchas historias, pero entre líneas nos enseña el camino hacia la libertad, la de elección, que muchas veces se somete a la autocensura y nos transforma en personas anuladas, infelices, incompletas y conformistas. 

Y porque entre letras, nos llama a encontrar el sentido vital. Así que no desperdicien esta oportunidad para leer y vivir una gran historia. Y no solo eso, no desperdicien el pasaje hacia el lugar al que quieren ir solo porque el tren que se dirige allí está destartalado. Si lo hacen, amigos míos, habrán perdido el pasaporte hacia su libertad. Y eso, es algo que jamás recuperarán. Los trenes no pasan dos veces, y, cuando una oportunidad brillante llama a sus puertas, les abre los brazos y se les entrega, solo han de agarrarla, con todas sus fuerzas. Porque es muy triste dejar pasar una ilusión. Porque los sueños se cumplen. Porque vivimos hechos de sueños. 

Y así, quizá, algún día, logremos aportar el granito de arena que le hace falta a este inmenso mundo, para no sentirnos extranjeros de nuestra propia vida. Y porque todos y cada uno de ustedes no tienen que desear ser especiales, you’re so fucking special.

No hay comentarios:

Publicar un comentario